02 abril 2009

Eliote: entre fronteras


Caminando por la calle me cruzo con personas escurridas, con sus trajes negros y las corbatas bien puestas. Demasiados tacones, bolsos caros y niñas con el pañuelo en el cuello. Saturan mis sentidos, no puedo oler, ni escuchar; las miradas que se alzan desde el asfalto me dicen que hay demasiado ruido, demasiado egoísmo, demasiado orgullo comprimido en un cuerpo que se está pudriendo lentamente, en unas mentes que están cada vez mas vacías, mientras la mía engorda de pensamientos, de sombras y luces, que hacen que me aparte de sus casas, de sus bares, de sus sociedades; hacen sentirme que ellos pertenecen a un mundo que no es el mismo que yo percibo.
Cada vez me cuesta más respirar, miro a mi alrededor, y me doy cuenta de que todo está hecho de su mierda dorada, orgullosos de ella ves sus sonrisas en sus caras, sus gestos de desprecio y superioridad hacia todo lo diferente a ellos; son capaces de cotizar sus almas en la bolsa, por sus coches caros, sus casa lujosas con jardín, sus vestidos de marca.
Todo ese odio que desprenden se inyecta en mi cuerpo y hace que me aleje cada vez más hacia un sitio perdido, hacia un sitio sin nombre, un lugar entre fronteras.